La guerra contra el narcotráfico ha llevado a Estados Unidos a cometer lo que algunos describen como "crímenes de Estado" en aguas del Caribe y del Pacífico. Según fuentes oficiales, más de treinta embarcaciones han sido hundidas y al menos cien personas han perdido la vida debido a ataques realizados por tropas estadounidenses como parte …
“La Fuerza del Golfo: 100 Vidas Arruinadas por los Ataques de EE.UU. en el Caribe y el Pacífico”

La guerra contra el narcotráfico ha llevado a Estados Unidos a cometer lo que algunos describen como “crímenes de Estado” en aguas del Caribe y del Pacífico. Según fuentes oficiales, más de treinta embarcaciones han sido hundidas y al menos cien personas han perdido la vida debido a ataques realizados por tropas estadounidenses como parte de su ofensiva contra el tráfico ilícito de drogas.
La justificación oficial es que los carteles de la droga latinoamericanos son organizaciones terroristas que representan una amenaza directa para la seguridad nacional estadounidense. En este sentido, el presidente Donald Trump ha declarado un “conflicto armado directo” contra estos grupos y ha ordenado el despliegue de buques militares en el Caribe y el Pacífico con el fin de combatirlos.
Sin embargo, la realidad es que muchos de los ataques están siendo llevados a cabo en aguas internacionales, lo que plantea serias preguntas sobre la legalidad y la ética de estas acciones. La falta de transparencia y justicia en estos casos ha llevado a muchos a cuestionar si el objetivo es realmente combatir el narcotráfico o simplemente perseguir una estrategia militar agresiva.
La situación se complica aún más cuando se considera que los afectados son civiles inocentes, personas que están siendo perseguidas y asesinadas por supuestamente estar involucradas en el tráfico de drogas. La incertidumbre sobre quiénes son los verdaderos objetivos de estos ataques y quiénes son las víctimas ha llevado a muchos a cuestionar la sinceridad del objetivo de combatir el narcotráfico.
La desaparición de una persona en el mar es solo uno más de los casos que han generado preocupación y indignación entre los sectores defensores de los derechos humanos. La investigación sobre este caso está aún en curso, pero muchos temen que la verdad sea revelada y que los responsables no sean llevados ante la justicia.
La comunidad internacional ha expresado su preocupación por estos ataques y ha llamado a Estados Unidos a ser más transparente y responsable en sus acciones. Sin embargo, el Gobierno estadounidense se ha negado a ceder y sigue insistiendo en que sus operaciones militares son necesarias para combatir la amenaza del narcotráfico.
La realidad es que la lucha contra el narcotráfico es una batalla compleja que requiere estrategias más efectivas y menos agresivas. El uso de la fuerza letal no solo es inhumano sino también ineficaz en el largo plazo, ya que genera más violencia y desorden en las comunidades afectadas.
Es hora de que Estados Unidos replanteé su estrategia y busque una vía más pacífica y eficaz para combatir el narcotráfico. Es importante recordar que la lucha contra la drogadicción y el tráfico ilícito de drogas es un problema complejo que requiere la colaboración internacional y la comprensión de las causas profundas del problema, más que simplemente atacar con fuerza letal a civiles inocentes.






